
El apuntador, se abalanzó sobre una rubita con pecas que se había hecho la cola y trasladado todas las várices a su axila izquierda, haciéndole esto ganar el mote de “Varixila”, la máxima genialidad que se les ocurrió durante toda la temporada a los guionistas, altamente adictos a comerse trozos oxidados de Duracell con puré de guayabas moradas en su hora de almuerzo, para narcotizarse y así aguantar la presión del Gerente de Programación, que cada vez que podía, se esmeraba en mandarlos a internarse en “Lareconchadelalora”, un hotel barato de la cuadra, con el objeto de que consiguieran buenas ideas para nutrir el contenido del espacio.
Al respecto de salir a dar declaraciones frente a cámara sobre el fallecimiento de la megaestrella, entre balbuceos irreproducibles, uno de ellos logró pronunciar: “AGGHJADAKJSHKASJ QPOWIEOAÑLJSDKA JKLASDAAAAGGGGHJJJJJJJ!”, estupidez propia de los efectos del estado con el que encaraban el laburo a partir de la tarde. A esto, otro de ellos agregó sin demasiadas pretensiones: “SKDFJSKLFHSD LASKJJDAWW AJSKDHJATSYIUYN”. Moción que no había sido aprobada por sus demás colegas, quienes argumentaron que: “ALKSDJLASDJ N ADSJBGFVWIUEBRAKJSDM M!” era la peor opción desde que: “LWKJRBHHHK AJSKSHJKUE QWIOEHYASKLJGUY!”.
Sus vastos años de experiencia, provocaron que todos coincidieran en solucionar el inconveniente agitando de manera sincronizada la cabeza en diagonal de arribaparabajo, de abajopararriba y de arribaparabajo una y otra y otra vez, a modo que cuando volvieran a estar al aire, nadie excepto las personas con fijaciones obsesivo-compulsivas hacia los miembros del show, se diera cuenta del acoso que estaban sufriendo las indefensas integrantes del ballet de Alfonsito Vinader.

Según calcularon, sin lugar a dudas al volver de la pausa, el bache quedaría parchado y nadie iría en cana. Pero luego se dieron cuenta que al acabar la canción a la que se someterían moviéndose por inercia, no habría nada más que hacer. Y los pocos que quedaban mirando la transmisión, agarrarían sus controles remotos y cambiarían de canal, a menos que alguien dijera algo gracioso y el resto se vomitara literalmente de risa, por un poco de rating. Pero como nadie podía hilar 3 palabras en castellano o al menos emitir un zumbido seco, este gag no prosperaría.
Además de haber perdido al conductor más carismático y galán de la televisión de todos los tiempos, esa misma noche, una demanda por el 3% de la fortuna del imperio 1ROBOTCIEGO Ink, sería diezmada y repartida para acabar con toda el hambre de domingo a la tarde en África, debido a los daños morales provocados en las señoritas.
Entonces, había que pensar otra cosa. “Y si hacemos una clase de fitness con títeres sucios?”, sugirió el control master desde la cabina central. Mientras que los guionistas, cónclave de burgueses exitosos que se pasan la vida queriendo convencer a los demás de que ellos y nadie más que ellos tienen la razón, esbozaron a través de su representante Juanchi Prieto, la voz oficial que lo insultó, declarando que: “S.DKJFWPEOKJAS,.DM AS.DLMOQWEKJA A,MSDN,,ASMNDLIWEHQ”.
Con lo que directamente, la imagen después del corte se fundió a negro y se vio a Canino el Caniche a punto de realizar su crónica de muerte anunciada. Pero como no podía contenerse de tanta felicidad, arrancó bailando una cachaca tomando de rehén a Alfonsito Vinader, al tiempo que por negligencia médica, nadie retiraba aún el cuerpo del protagonista herido.

(continuará)